MARCO TEÓRICO, MODELO
PEDAGÓGICO, ESTILO DE APRENDIZAJE Y METODOLOGÍA
“Más de 9 de cada 10 jóvenes creen que el acoso escolar es un
problema generalizado en sus comunidades, y dos tercios dicen haberlo
experimentado en primera persona”, según muestra una nueva encuesta realizada
por UNICEF (2016).
“En los últimos años se ha observado un mayor aumento de
conflictos y conductas violentas en los adolescentes” (Krug, Dahlberg, Mercy,
Zwi y Lozano, 2002). El incremento no es igual en todos los países ni en los
diferentes tipos de violencia.
Son diversas las investigaciones
realizadas en distintas naciones sobre el fenómeno del acoso escolar, maltrato
entre iguales o bullying, desde que el noruego Dan Olweus comenzó a estudiar
esta problemática en la década de los 70, siendo la definición realizada por
este autor a finales de los 90, la más extendida: “Una persona está siendo
acosada cuando ella o él es expuesto, repetidamente y de forma prolongada en el
tiempo, a acciones negativas por parte de una o más personas. Es una acción
negativa cuando alguien intencionalmente causa, o trata de causar, daño o molestias
a otro” (Olweus, 1999).
Cabe destacar que aunque no hay una
definición única, sí existe un consenso entre los principales investigadores
sobre las tres características que diferencian el maltrato entre iguales de
otras conductas violentas, tal como se extrae del informe “Acoso Escolar y
Ciberacoso: Propuestas para la Acción” (Orjuela, 2012), las cuales son:
a) Intencionalidad por parte del
agresor: se busca causar daño, miedo, angustia (percepción subjetiva de la
víctima).
b) Repetición en el tiempo: no es un
hecho aislado, sino que es una acción recurrente y reiterativa.
c) Desequilibrio de poder: esta
desigualdad puede ser física, psicológica o social y hace que la víctima no
pueda defenderse fácilmente por sí misma.
Junto a estas características, dicho
informe añade otras dos que Ortega y Mora Merchán (2008) señalaron: “La
presencia de la ley del silencio (en situaciones de acoso los escolares no
suelen comunicarle a los adultos lo que está pasando) y el esquema
domino-sumisión (el agresor ejerce el poder sobre la víctima, la cual se somete
a su dictado)”.
En las situaciones de maltrato entre
iguales, se diferencian 3 roles principales: el del/a agresor/a, la víctima y
los/as espectadores/as.
El acoso escolar también ha pasado a
las nuevas tecnologías dando lugar al ciberbullying o ciberacoso, que suele
implicar conductas como injurias, amenazas, ataques contra la intimidad o la
integridad personal a través de las redes sociales y de los medios tecnológicos
(internet, teléfonos móviles u otras tecnologías telemáticas). Que se ha
definido como: “El uso de algunas tecnologías de la información y la
comunicación, como el correo electrónico, la mensajería instantánea, los sitios
personales vejatorios y el comportamiento personal en línea difamatorio, de un
individuo o un grupo, que deliberadamente y de forma repetitiva y hostil,
pretende dañar a otro. Es un acoso psicológico continuado” (Belsey, 2005).
Cuando el ciberacoso/ciberbullying se
aborda desde el contexto escolar, se identifica como un tipo de bullying. Tanto
en el bullying como en el ciberbullying se produce un abuso entre iguales, sin
embargo, el ciberbullying responde a diferentes causas, se manifiesta de formas
muy diversas y su abordaje y consecuencias también difieren, ya que el
anonimato, la no percepción directa e inmediata del daño causado y la adopción
de roles imaginarios en “la red” convierten el ciberbullying en un grave
problema en nuestra sociedad.
Todos los centros deben incluir en su
proyecto educativo un Plan de Convivencia, que sirva de referencia para alumnos,
familias y profesores, para hacer frente al acoso escolar, así lo establece la
Ley Orgánica 2/2006 de Educación (LOE), de 3 de mayo.
Por otra parte, si el autor del acoso escolar tiene una edad
comprendida entre los 14 y los 18 años no cumplidos, se aplicará la Ley
Orgánica 8/2006 de Responsabilidad Penal del Menor (LORPM), de 4 de diciembre, pudiendo
ser considerado responsable bien de un delito de trato degradante, bien de una
falta de vejación injusta, en función de la gravedad de los hechos.
En cuanto a la plataforma ZeroAcoso no se rige sólo por un modelo
pedagógico, sino que utiliza una mezcla de varios, transmitiendo de esta manera
eficaz la consolidación de sus objetivos.
Modelo constructivista: Busca construir la solución a un problema
entre la persona que solicita ayuda, el profesional, la familia y el contexto
en el que se encuentra.
Modelo crítico: Potencia la participación, la acción
comunitaria, crea espacios de aprendizaje y participación con el fin de cambiar
la realidad social, además desarrolla la capacidad cognoscitiva y la
personalidad del necesitado.
Modelo conectivista: El conocimiento obtenido a partir de la
información almacenada en la Red y el que surge a partir de las interacciones
de los usuarios que utilizan esta plataforma,
crean nuevos entornos de aprendizaje (PLE).
Modelo conductista: Los profesionales transmiten sus
conocimientos y enseñan cómo actuar en las diferentes situaciones.
Modelo comunicativo: Siendo esencial la comunicación entre toda la comunidad educativa y el
alumnado.
Por lo que se refiere a los estilos de aprendizaje que predominan y
definen el trabajo de la plataforma ZeroAcoso son los siguientes:
Estilo reflexivo: Los profesionales empatizan con los
afectados, ayudándoles en su situación, haciéndoles reflexionar de manera
optimista y al mismo tiempo
intercambiando opiniones con todo el personal involucrado.
Estilo activo: El alumnado es el protagonista principal, es
el que contacta para pedir ayuda y consejos. Además la labor de los profesionales
que intervienen es primordial, observando, actuando y realizando seguimientos.
Estilo pragmático: Debido a la experiencia que tienen sus
profesionales son personas eficaces, objetivas, realistas... que ofrecen
herramientas a todo el personal implicado y pueden elaborar planes de acción,
con indicaciones prácticas y aplicando técnicas.
Con respecto a la metodología utilizada es cooperativa y colaborativa,
ya que considera el aprendizaje como una
actividad social, no individual. “Lo que pasa en
la mente del individuo es fundamentalmente un reflejo de
lo que pasó en la interacción social” (Méndez, 2002).
La interacción social es necesaria ya que se trabaja con instituciones,
está a disposición de todo aquel que necesite ayuda, trabaja en centros
educativos, al mismo tiempo que ofrece ayuda individualizada y personalizada,
adaptándose a la situación de cada persona y ofreciendo la ayuda que necesite.
Por consiguiente el uso de las tecnologías se hace necesario para
combatir el acoso escolar, como bien decía el profesor Ferrández (1995): “Nadie
duda que las nuevas tecnologías y sobre todo sus constantes y sorprendentes
novedades […] llegan al mundo de la enseñanza bien como medios y recursos
didácticos o bien como medios de otros campos de la ciencia y de la tecnología
que tienen ‘algún’ uso en la educación”.
También se hace imprescindible la competencia de colaborar con otros
profesionales, “Ser competente para ayudar a otros profesionales en la
elaboración de programas socioeducativos tomando como soporte los medios y las
redes de información y comunicación” (Aneca, 2006).
Concretamente
uno de los primeros ejemplos de tecnologías contra el acoso escolar surgió en
el año 2007 en Finlandia: el
método KiVa. Este programa, que busca prevenir y tratar estos
casos en las escuelas, actualmente se aplica en el 90% de los colegios
finlandeses.
Por último cabe destacar a Bunge (1985) quien considera que: “La
tecnología es un adecuado campo de investigación, diseño y planificación, que
emplea conocimientos científicos para controlar procesos, diseñar artefactos y
concebir operación de manera racional”.

